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La deliberación pública puede tener diversos propósitos:
- La convocación de diversos grupos de personas en asambleas
públicas por parte de ciudadanos y entidades gubernamentales
para la resolución de problemas a nivel de la comunidad,
la ciudad, el condado, el estado o la nación.
- Los maestros utilizan la deliberación pública
para hacer partícipes a sus alumnos en la política,
para que tengan la experiencia de haber participado en un foro
de deliberación cívica y para comprender mejor el
gobierno participatorio.
- Las organizaciones e instituciones utilizan la deliberación
como catalizador en la comunidad, al diseñar mejores formas
para llevar a cabo su misión y así convertirse en
aliados para mejorar el bien común.
En la vida cotidiana, constantemente nos enteramos de gente que
delibera sobre lo correcto e incorrecto, comparando sus puntos de
vista con otros en reuniones de sociedades de padres de familia,
sesiones de consejos de cabildo, manifestaciones, audiencias públicas
y campañas políticas. En la radio y en la televisión
vemos a combatientes oponerse firmemente sobre cuestiones, cada
uno de ellos empeñado en ganar y demostrar las equivocaciones
de la oposición. El diálogo no es un debate. Se trata
de un proceso estructurado de intercambio de ideas y opiniones,
cara a cara, para la toma de decisiones que conduce a la acción.
La deliberación es un diálogo basado en la premisa
de que muchos individuos tienen alguna aportación parcial
para la solución de algún problema y que en conjunto
pueden llegar a nuevos planteamientos y soluciones. Esto exige a
la gente que deje a un lado su propio interés y que escuche
lo que otros sienten y piensan. Se trata de un proceso concreto
de toma de decisiones con base en muchas y variadas opiniones, que
permite a la gente actuar en forma conjunta (Mathews y McAfee, 1997).
En la publicación On Dialogue, Culture, and Organizational
Learning, de Edgar H. Schein, éste pregunta si el debate
es más deseable que el diálogo. Schein sostiene que
el debate "es un proceso válido para la resolución
de problemas y la toma de decisiones sólo si uno puede suponer
que los miembros del grupo se comprenden mutuamente lo suficiente
para poder estar hablando el mismo lenguaje" (1993, pág.
47). Uno de los peligros de la discusión en grupo es que
los grupos podrían llegar a lo que él llama "consenso
falso". La gente podría pensar que se refieren a lo
mismo, pero luego se dan cuenta que no se entendieron. Se enteran
de que las diferencias impalpables en cuanto a significado tienen
grandes consecuencias. Schein sugiere que se utilice el diálogo
como un proceso básico para llegar a la comprensión.
"Al deshacerse de la discordia, los significados se vuelven
más claros y el grupo empieza gradualmente a crear un conjunto
de significados compartidos que permiten llegar a niveles más
altos de comprensión mutua y pensamiento creativo".
(1993, pág. 47)
De acuerdo con los autores de la publicación Unfinished
Journey: Restructuring Schools in a Diverse Society (Olsen,
et al., 1994), muchas escuelas encontraron sumamente difícil
la discusión de la discriminación racial y el trato
diferencial de grupos étnicos y culturales minoritarios.
La falta de un lenguaje común también dio lugar a
la dificultad del diálogo en estas escuelas. "No sólo
se trata de encontrar las palabras, sino de ver si entendemos lo
mismo con las palabras que usamos. Se trata del modo como la gente
percibe y define las cuestiones tratadas". (Olsen, et al.,
1994, pág. 35) Las palabras que utiliza una persona para
expresar las creencias importantes pueden incomodar y enojar a otras.
Un individuo podría buscar crear una base común, mientras
otro podría considerar esto como el deseo de disminuir la
riqueza de la diversidad cultural. La clave de la deliberación
es dedicar tiempo a fomentar confianza, y buscar las maneras de
articular las suposiciones básicas.
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