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  La deliberación pública  
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El reto de educar a estudiantes dediverso origen lingüístico y cultural

Mark Gerzon describe el reto de la deliberación de la siguiente manera: "Como ciudadanos del nuevo milenio, en una nación repleta de diversidad, nuestro reto es escuchar a los ciudadanos que nos hacen enojar, que interrumpen nuestros pensamientos, que exponen ideas preconcebidas y hasta impugnan nuestra integridad" (Gerzon, 1996, p.XXII). La deliberación pública ofrece a las comunidades la oportunidad de cambiar la manera en que abordan los problemas. Motiva a la gente a comprometerse y a hacer de la acción en grupo un hábito y responsabilidad comunitaria.

La educación de todos los niños es una responsabilidad comunitaria. Los educadores, junto con los miembros y organizaciones de la comunidad, están trabajando en conjunto para crear escuelas que funcionarán de manera más efectiva en nuestra sociedad, que es cada vez más diversa. La reforma escolar fundamentalmente trata de extender el círculo del sistema escolar formal y tradicional para que incluya los problemas, expectativas, deseos y sabiduría de la comunidad en general. Los padres de familia, los grupos cívicos, religiosos y de negocios, las personas jubiladas, los nuevos inmigrantes, los legisladores y el contribuyente fiscal deben participar con las escuelas públicas para ayudar a educar a 40 millones de niños.

Hoy en día, el movimiento de la reforma escolar afecta a los estudiantes, a los padres de familia, a los maestros, a los administradores escolares y a la comunidad en general. Los educadores y legisladores están viendo más allá de las escuelas en busca de apoyo para educar a todos los estudiantes y que éstos logren altos niveles académicos. La actual reforma pide que se establezcan relaciones escolares positivas con los padres de familia y las comunidades y convertirlos en aliados para el proceso educativo.

La reforma escolar y la diversidad
La visión de la reforma escolar es lograr una educación de alta calidad para todos los niños. David Perkins, en su libro Smart Schools, describe acertadamente lo difícil de cumplir con este reto en vista de los actuales cambios demográficos en las escuelas: "Queremos que las escuelas imparten una gran cantidad de conocimientos y comprensión a una gran cantidad de gente cuyos talentos e intereses son muy variados al igual que lo son sus orígenes culturales y de familia" (1992, pág. 2).

El sistema escolar estadounidense se enfrenta a dos grandes problemas al considerar esta reforma escolar sin olvidar las necesidades de los estudiantes cuya cultura e idioma son distintos: (1) el incremento en el sistema de grandes números de inmigrantes nuevos cuyo idioma nativo no es inglés, y de los nativos de origen étnico minoritario, y (2) el histórico fracaso del sistema en cuanto al logro del éxito académico de muchos estudiantes minoritarios.

Los cambios demográficos
Las pautas demográficas en constante cambio ya se aprecian en los distritos escolares urbanos del país. La mayoría de los estudiantes de origen étnico minoritario están inscritos en distritos escolares con un alumnado mínimo de 10 mil estudiantes. Durante el período entre 1988-89 y 1990-91, la cantidad de alumnos en las escuelas públicas aumentó en un millón. Más de tres cuartas partes de este crecimiento la componen estudiantes hispanos y asiáticos.

La matriculación del alumnado hispano aumentó en 645 mil y la del estudiante asiático aumentó en 140 mil. Un poco más del 30 por ciento de los estudiantes en las escuelas públicas son miembros de grupos étnicos minoritarios. Uno de cada cinco niños de edad escolar proviene de un hogar donde el idioma que se habla no es el inglés. Para el año 2035, los estudiantes de raza angloasajona ya no serán la mayoría en la población de edad escolar de la nación (NCES, 1997).

Los estudiantes hispanos y asiáticos traen consigo mucha diversidad. Hace diez años, los inmigrantes hispanos provenían de México y Cuba. México sigue dominando en este grupo, pero una cantidad significativa de inmigrantes también viene de Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela, la República Dominicana y otros países centroamericanos (Valdivieso & Nicolau, 1992). Los inmigrantes asiáticos también provienen de muchos lugares distintos como Vietnam, Corea, Laos, Cambodia, Hong Kong, Taiwán, Malasia y las Filipinas. Muchos de los estudiantes inmigrantes ingresan al sistema educativo, desde preescolar hasta la preparatoria, sin hablar inglés. Algunos inmigrantes son analfabetos en su idioma nativo, mientras otros han recibido una excelente educación (McLeod, 1995).

Muchos estudiantes de origen étnico minoritario no logran sobresalir académicamente en las escuelas. Estos toman menos cursos académicos y tienden a estar atrasados en lectura y escritura. Muchas explicaciones acerca del fracaso escolar de estudiantes minoritarios se formulan con base en la presunción de que el fondo sociocultural del estudiante es deficiente y esto impide el éxito académico. La mayoría de los estudiantes minoritarios son de bajos recursos económicos. Algunos estudiantes son de razas de origen minoritario, aunque sus familias son nativas desde hace cuatro, cinco o seis generaciones y quizás hablen o no hablen inglés. Otros son de inglés limitado cuyas familias raramente hablan inglés en casa. Debido a que la falta de dominio del inglés es con frecuencia comparada con la falta de potencialidad académica, los estudiantes de reciente inmigración comúnmente son colocados en las clases del más bajo nivel y con el plan de estudios más sencillo, casi con la garantía de obtener bajos niveles académicos. Debido a que las pruebas de coeficiente intelectual no consideraban las diferencias en el idioma y la cultura, los hispanos solían estar sobrerepresentados y erróneamente colocados en clases de educación especial. Afortunadamente, muchas escuelas hoy en día están abandonando las prácticas instructivas basadas en estas suposiciones. Existe un reconocimiento cada vez mayor de que muy diversos factores desempeñan un papel importante e influyen en los resultados de los estudiantes minoritarios (Ovando y Collier, 1998).

Las escuelas buscan retener los cientos de jóvenes adultos cuyo origen lingüístico y cultural son distintos y que abandonan el sistema educativo cada año sin haber terminado exitosamente la preparatoria. De acuerdo con las tasas de deserción escolar en Estados Unidos (NCES, 1996), 3.6 millones de jóvenes, cuyas edades fluctúan entre 16 y 24 años, no estaban inscritos en la escuela y no habían terminado sus estudios de preparatoria. Esto abarca el 11.1 por ciento de los 32.5 millones de jóvenes en la categoría de 16 a 24 años de edad en EE.UU. en 1996. La tabla presentada aquí muestra los 3.6 millones de estudiantes de los tres grupos étnicos más grandes que dejaron la escuela.

¿Se necesita tener políticas especiales para los estudiantes de distinto origen lingüístico y cultural? Quizás no, pero las escuelas necesitan tomar en cuenta tanto la potencialidad como las necesidades de estos estudiantes. El reto de educar a los niños de estos distintos orígenes es complejo. La motiva ción, la organización social y las maneras de pensar y conversar que varían con base en el nivel educativo, económico y social afectan a las experiencias y a la participación de los estudiantes en la escuela.

Las escuelas están luchando por comprender mejor las características culturales y las variables socioeconómicas que afectan el nivel de aprendizaje de estos estudiantes. Los maestros están creando nuevas maneras de enseñanza para los estudiantes de origen diverso y empiezan ya a relacionarse con las familias de éstos. De hecho, el éxito del movimiento de la reforma se medirá por el grado de presición en que las escuelas determinan y responden a las necesidades de todos los estudiantes, incluyendo las necesidades de estudiantes de diferente origen lingüístico y cultural.

A los estudiantes de hoy en día se les pide que utilicen el razonamiento crítico, que tengan habilidades tecnológicas, que apliquen sus conocimientos a la resolución de problemas cotidianos, que sean capaces de trabajar en equipo y que puedan aprender durante toda la vida. El cumplir con estas expectativas cuando muchos de los estudiantes no logran adquirir una sólida base en la lectura, escritura, matemáticas o ciencias es un gran reto de la reforma escolar. Claramente se logrará progresar muy poco al menos que las escuelas y las comunidades se enfrenten al reto de un amplio diálogo sobre la clase de sistemas que se requiere para producir esto. El cumplimiento de estas expectativas requiere una mejor comprensión de cómo la cultura, el origen étnico, el idioma y la nacionalidad influyen en las vidas y necesidades de los estudiantes lingüísticamente diversos (Olsen, et al., 1994). Los educadores y la comunidad deberán trabajar como aliados y deben iniciar un diálogo que genere planes y prácticas que sean participatorias y que ofrezcan a todos los estudiantes una igualdad en las oportunidades educativas.

La magnitud de los actuales cambios demográficos en las escuelas, junto con la noción de que el proceso de la educación deberá incluir a cada sector de la sociedad, requiere una unión entre educadores, padres de familia y la comunidad con nuevas funciones y alianzas.

Language and Diversity Program
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