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De acuerdo con la Comisión de Educación para los
Estados (1997), las reformas son mejor apoyadas, mejor comprendidas
y más efectivas cuando las comunidades desempeñan
un papel importante en la creación de éstas. Las escuelas
necesitan incluir la participación y comprensión comunitaria
en el inicio del proceso de la reforma y no como algo secundario.
Al comunicarse los líderes educativos con el público
a través del proceso de la reforma, éstos se enteran
de las preocupaciones del público. Esta toma de conciencia
les permite examinar y ajustar las ideas y las normas directivas
de acuerdo con las preocupaciones de la comunidad. Por lo general,
esto dará como resultado una mayor confianza por parte de
la comunidad en cuanto a estas reformas.
La deliberación pública sirve para congregar a la
población para lograr el consenso sobre (o por lo menos una
comprensión de) una gran variedad de asuntos públicos,
desde el abuso de drogas hasta el papel que desempeña la
educación pública. Los participantes describen estas
conversaciones estructuradas como algo que promueve el diálogo
local, que es personal, cívico, deliberativo, inclusivo y
relevante. Las perspectivas acerca del posible papel de la deliberación
pública en la reforma educativa son promisorias en cuanto
a la ayuda que ofrecería a los educadores locales y estatales
y a los legisladores en su avance hacia la participación
pública; y a la aprobación y el apoyo necesario para
realizar la promesa de una educación de alta calidad para
todos los estudiantes (SEDL, 1995).
Sin embargo, si la deliberación pública ha de utilizarse
como una herramienta para la educación efectiva de todos
los niños, se deberá hacer un esfuerzo para que todos
los sectores de la comunidad estén participando en el diálogo.
Con mucha frecuencia, las poblaciones con distintos idiomas, culturas
y orígenes étnicos quedan excluídas de la participación
en el diálogo público. La no inclusión de éstas,
o la renuencia a participar por parte de ellas mismas, podría
deberse a la percepción de que carecen de las destrezas necesarias
para participar, o de los requisitos de un comportamiento cultural
desconocido para ellas, o porque el tema y la actividad podría
parecer no tener importancia (SEDL, 1995). La deliberación
requiere no sólo de designar algún tiempo para que
las personas se conozcan y platiquen, sino también para promover
un sentido de seguridad y relación para todos los que están
involucrados. (Olsen, et al., 1994).
Las voces de la familia y de la comunidad son esenciales en el
diálogo para la reforma escolar. Éstas ofrecen un
aparador de las experiencias de los estudiantes que carecen los
maestros y otros educadores. Para los estudiantes que provienen
de familias lingüística y culturalmente diversas, el
aparador ayuda a enlazar la escuela con el hogar al comprender mejor
el origen lingüístico y cultural. Sin esta aportación,
las escuelas están en desventaja a la hora de identificar
e implementar las reformas necesarias y los niños corren
el riesgo de no ser comprendidos, además de no recibir una
buena educación y no ser incluidos (Olsen, et al., 1994).
Lo común entre el público y las escuelas surge cuando
las comunidades comparten sus propósitos, el respeto, el
idioma, las preocupaciones y procesos, y se comprometen a trabajar
en conjunto. En muchas comunidades, los padres de familia, educadores,
y miembros de la comunidad en general han logrado comprender que
el papel del público debe ir más allá del pago
de impuestos, la elección de consejos escolares y la participación
en eventos especiales. Los educadores, aunque son los expertos,
no pueden decidir solos la manera en que deben manejarse las escuelas.
El público deberá cumplir con su papel y ayudar a
crear las escuelas que desean tener.
La deliberación pública puede ser una herramienta
importante para ayudar a que la comunidad "genere mayor claridad
y un acuerdo general" (Wagner, 1997). Las características
singulares de la deliberación pública: la adaptabilidad,
la inclusión y el énfasis en la resolución
de problemas en grupo, hace de ésta una importante herramienta
al modificar en las escuelas la manera de enseñanza y preparación
de estudiantes. Una vez incorporada dentro de una cultura comunitaria,
la deliberación es como el proceso de una puerta giratoria
(Ledell, 1996). "Si pensamos en la educación como parte
de nuestra labor como ciudadanos, cambia nuestra relación
con las escuelas, y crea una mayor posibilidad de que veamos a éstas
como nuestros agentes, como instituciones que nos ayuda a llevar
a cabo las responsabilidades públicas" (Mathews, 1996,
pág. 54).
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